19/02/09

Cuentos con luz propia.- Graciela Pérez Aguilar [actualizado]

Reproduzco el comentario que nos envía Graciela, referente a la publicación hace unos días del artículo "Cuentos con luz propia" en la revista Imaginaria.

Desde aquí queremos agradecerte tu amabilidad y felicitarte por tu trabajo.



Muchas gracias por reproducir mi artículo de la revista Imaginaria. Como creo que estos cuentos deben estar a disposición de todo el mundo, he iniciado un blog que los recopila. El blog se llama también "Cuentos con luz propia" y su dirección es


Un saludo muy cordial,
Graciela Pérez Aguilar

17/02/09

Carnaval - Bibliografía (y receta)

Hemos preparado una guía de lectura sobre el Carnaval.
La tenéis en la biblioteca.
Aquí os mostramos algunos de los libros que están a vuestra disposición.


Y una receta:
Flores de carnaval


Para preparar estas frutas de sartén se utiliza un utensilio, el floronero, que en realidad es un molde en forma de flor y provisto de mango, con el que se van cogiendo porciones de masa para introducirlas en el aceite hirviendo.
Según se fríen los florones se desprenden del molde y se pasan a una fuente donde se espolvorean generosamente con azúcar.

Ingredientes para 6 personas, no muy golosas.

6 huevos, 6 cascarones de agua (de los propios huevos),
12 cucharadas de harina, medio cascarón de anises machacados, y otro medio cascarón bien cumplido de anís, azúcar y aceite.

Preparación:

Trabajar en un recipiente (aquí no valen los cascarones)
los huevos, el agua, la harina, los anises machacados y el anís.
Poner a calentar en una sartén honda aceite abundante
y el floronero.
Cuando ambas cosas estén calientes, se
saca el floronero del aceite y se mete en la masa, pero solo hasta la mitad, ya que si no el florón no se despega. Se mete en el aceite caliente el floronero con la masa y se fríe el florón, que se despega al dorarse. Se va friendo toda la masa con este procedimiento, (entre cascarón y cascarón de anís) manteniendo siempre el floronero caliente, antes de coger una nueva porción de cascarón..., digo, de masa.
Los cascarones o eso, ya fritos se van sacando a una fuente donde se espolvorean con azúcar mezclada con canela molida.

¡Buen provecho! ¡Hip!

(Receta tomada de Dionisio Duque: La cocina segoviana. Madrid, Anaya, 1994, pág. 186)

13/02/09

Paraíso inhabitado / Ana María Matute

FUENTE: El País [en línea]


M. Á. VILLENA - Madrid - 18/12/2008

Ana María Matute ha tardado ocho años en escribir Paraíso inhabitado (Destino), pero ayer ofreció sus explicaciones en una multitudinaria presentación pública de la novela.
"En primer lugar", dijo, "no soy una autora de un libro cada año y, en segundo término, en los últimos tiempos he sido una visitante asidua de los hospitales. No obstante, debo subrayar que pensar en escribir esta novela, me ayudó a ponerme buena".
Con una cabeza muy despejada a sus 83 años y una cierta fragilidad al caminar, una de las novelistas más populares de España compareció ayer para desvelar que Paraíso inhabitado es una historia de amor y dureza en tiempos difíciles, que está protagonizada por una niña que tiene rasgos autobiográficos de la propia escritora. "Es cierto que se trata de la única de mis novelas que incluye referencias autobiográficas", comentó la autora de Olvidado rey Gudú.
Una mezcla de realismo de la vida cotidiana y de mundo mágico, en palabras de la también escritora Ángeles Caso, definirían la última novela de Matute. Ambas dialogaron en tono distendido sobre la literatura y la vida, dos conceptos que significan la misma cosa, a juicio de Ana María Matute. "La literatura es mi mundo y, en realidad, podría decir que la literatura es la vida de verdad", remachó la novelista y académica. Situada la trama en la época de la Segunda República, en el ambiente de una familia burguesa, el contraste entre un realismo duro y unas fabulaciones mágicas a través de sus lecturas marcan la formación sentimental de la pequeña Adriana, enamorada de Gavrila, un niño ruso, hijo de una bailarina. "La niña protagonista vive en función de sus lecturas, tal como hice yo que siempre fui una rebelde. Yo tenía auténtica pasión por los cuentos", recordó Ana María Matute que destacó, una y otra vez, la importancia de la infancia en todas las personas. "La infancia nos marca de una forma tremenda y yo he intentado mantener la niña que fui", manifestó muy convencida.

A lo largo de su intervención, seguida con interés y risas por parte de un auditorio integrado por periodistas, libreros y editores, Ana María Matute se definió como "un pájaro libre que no se ha encuadrado en modas ni tendencias ni grupos" dentro de la literatura española de las últimas décadas. Haciendo gala de un envidiable humor, la escritora barcelonesa, de padre catalán y de madre riojana, anunció que, por supuesto, quería escribir más novelas. "Aunque ya tengo 83 años y cualquier día me muero", señaló para describir a continuación de un modo muy gráfico cómo nacen las novelas en su imaginación. "Me llegan", contó, "como el rumor del mar y me van llegando poco a poco. Ahora mismo empiezo a escuchar unos cuantos runrunes".

Sincera y desinhibida en todo momento, elegante y sarcástica a un tiempo, Ana María Matute aconsejó a las mujeres presentes en la sala que no se fiasen de los hombres que no tienen imaginación. Recordó sus años de pequeña rebelde y se mostró muy crítica con la educación que recibieron varias generaciones de españolas de las clases acomodadas. "Hablaban", relató, "de educación, pero en realidad sólo les interesaban unos modales que yo nunca aprendí. Las monjas de entonces únicamente enseñaban su propia ignorancia". "Sí, es cierto, he pagado un precio alto por mi libertad", concluyó.

A sus 83 años, esta novelista que ha ganado muchos premios importantes y que goza del favor de muchos lectores recordó a su madre en un homenaje a las mujeres de aquella generación con una anécdota estremecedora. "Mi madre hubiera querido hacer mi vida, pero no pudo. Sin ir más lejos, ocultaba a sus amigas que le gustaba leer", afirmó.


Leer Primer capítulo de "Paraíso inhabitado"

11/02/09

Cuentos con luz propia.- Graciela Pérez Aguilar

FUENTE: Imaginaria [en línea]


«Los discípulos le preguntaron al maestro:

—¿Por qué siempre nos cuentas cuentos pero nunca nos explicas su significado?

Y el maestro les respondió:

—¿Les gustaría que alguien les ofreciera fruta y la masticara antes de dársela?»

Este relato budista pertenece a una vasta tradición de cuentos breves, a menudo muy antiguos y que han sido utilizados para transmitir ciertas enseñanzas que se podrían inscribir en el orden de la sabiduría. Aún hoy, son cuentos que nos producen un resplandor interno al ser leídos o escuchados. Cuentos que nos dejan pensando. Cuentos que, a veces, recordamos en situaciones difíciles y pueden alumbrarnos algún camino diferente. Cuentos que sobreviven en el tiempo y ha llegado hasta nosotros por vía oral o por recopilaciones escritas. En suma, cuentos con luz propia.


Moralina vs. sabiduría

Una función no siempre explicitada (ni aceptada) de la literatura es la de enseñarnos cosas acerca de la vida y del cómo vivir. Pero existe una vasta tradición de cuentos cuya principal función es, precisamente, ésa. No se trata de cuentos con moralina, como los de Perrault con su "Caperucita Roja", ni de fábulas con moraleja, como las de Esopo. No proponen "pequeñas lecciones de adaptación a la vida en sociedad" sino que presentan de un modo inmediato ciertas leyes generales que hacen a una sabiduría muy profunda. Han sido transmitidos oralmente o por escrito, igual que los cuentos populares y con la misma genuidad pero con el fin de "desplegar, en quien los lee o los escucha, la visión de un mundo diferente". Por ejemplo, ¿qué puede enseñarnos éste cuento?:


El mono que salvó a un pez

—¿Qué demonios estás haciendo —le pregunté al mono cuando lo vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol.

—Estoy salvándolo de morir ahogado —me contestó el mono.

Si nos ponemos a reflexionar sobre este pequeñísimo relato, seguramente encontraremos que nos habla acerca de las consecuencias de nuestras "buenas intenciones". Pero en un sentido más profundo, también podría indicarnos que es necesario comprender y respetar el hecho de que cada uno debe vivir según las reglas de su propia naturaleza, como en aquel conocido cuento de la rana y el escorpión que popularizó la película El juego de las lágrimas (1).

La rana y el escorpión

Cierta vez, un escorpión le pidió a una rana que lo llevara sobre su lomo hasta el otro lado de un arroyo.

—Si lo hago, me clavarás tu aguijón —dijo la rana atemorizada.


—Te aseguro que no —repuso el escorpión—. Si me cruzas al otro lado, te daré lo que más desees.

No del todo convencida, la rana aceptó el trato y comenzaron la travesía. Pero en el medio del arroyo, el escorpión clavó su aguijón en el lomo de la rana. Mientras ambos se hundían, la rana alcanzó a exclamar:

—¡Ahora, los dos moriremos! ¿Por qué has hecho esto?


Y el escorpión contestó:
—Está en mi naturaleza.


Otro ejemplo:


Los dos ratones

Dos ratones se cayeron en un balde de leche. Uno se asustó, y se ahogó. El otro nadó toda la noche en círculos y a la mañana siguiente pudo pararse sobre la manteca y salió del balde.

Este cuento habla del valor que cada quien tiene para rescatar su propia vida. Aunque esta versión haya sido tomada de la película Ceremonia secreta (2), de Joseph Losey, proviene de una estirpe muy antigua, de raíz hinduísta, en la que se emplea para señalar la lucha del alma por su purificación.


De maestros a discípulos

A menudo, estos pequeños relatos fueron utilizados por los maestros de las grandes tradiciones místicas para transmitir a sus discípulos ciertos conocimientos que de otra manera hubieran sido demasiado abstractos. Los han empleado los sufíes en el islamismo, los jasídicos dentro del judaísmo, los maestros zen en el budismo y, desde luego, podemos recordar las parábolas de Jesús en el evangelio.

Y es muy posible que estos grandes maestros recurrieran a ellos no sólo para acercar esas enseñanzas a personas simples, que no podían comprender enunciados muy generales, sino también con pleno conocimiento de que el poder de multisignificación de esos relatos (que es también el poder la literatura) haría estallar muchas más resonancias en cada uno de sus discípulos.

Porque la característica de estos cuentos (como también de la mejor literatura) es que admiten ser leídos en diversos niveles: desde el más sencillo y literal hasta el más complejo y metafísico.
Sus planteos son muy variados. Algunos pueden rozar los límites del absurdo, como éste, protagonizado por un personaje llamado Nasrudín, que aparece muy frecuentemente en los cuentos sufíes:


Nasrudín y el anillo

Un vecino encontró a Nasrudín en la plaza del pueblo buscando algo de rodillas.


—¿Qué andas buscando —le preguntó.

—Mi anillo. Se me ha perdido.

—Te ayudaré a encontrarlo —dijo el vecino. Y arrodillados los dos, escarbaron entre el pasto. Al cabo de un rato, el vecino preguntó:


—¿Dónde perdiste tu anillo?

—En mi casa— contestó Nasrudín.

—¡Santo cielo! ¿Y por qué lo buscas aquí en la plaza?

—Porque aquí hay más luz.

¿Cuál puede ser la enseñanza que transmite este cuento? ¿Qué sólo los locos buscan las cosas en el lugar equivocado? ¿Qué es mejor buscar en la luz que en la oscuridad? Cada lector podrá sacar su propia conclusión...


Otros relatos son luminosos en su simpleza, como este cuento budista:

El pequeño pez

—Usted perdone —le dijo un pez a otro—. Usted es más viejo y tiene más experiencia que yo, y probablemente pueda ayudarme. Dígame, ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He buscado por todas partes y no lo puedo encontrar.
—El Océano —respondió el viejo pez— es donde estás ahora mismo.

—¿Esto? Pero si esto no es más que agua... Lo que yo busco es el Océano —contestó el joven pez.

Y se marchó decepcionado a buscar en otra parte.

O pueden aportarnos alguna verdad sencilla pero contundente, como este diálogo jasídico:

El lugar de cada uno

Cierta vez le preguntaron a un hombre sabio:

—Se dice que, en el mundo, cada cosa tiene su lugar. Y el hombre también tiene su lugar.
Entonces, ¿por qué la gente vive tan apretada?
Y el sabio respondió:

—Porque cada uno quiere ocupar el lugar de otro.


Cuentos antiguos, cuentos modernos

La notable eficacia de estos relatos hace que, a pesar de los siglos de antigüedad que tienen y la diferencia de lugares y de contextos históricos, podamos leerlos, sorprendernos y reflexionar con ellos.

Seguramente, mejor que explicarlos es dejar que hablen por ellos mismos.

Por eso, presentamos una pequeña selección tomada de diversas recopilaciones pertenecientes a Idries Shah, Anthony de Mello y otros.

Cuentos sufíes
La razón


El Mulá Nasrudín fue a ver a un hombre rico.

—Deme algo de dinero.

—¿Por qué habría de hacerlo?
—Quiero comprar... un elefante.
—Sin dinero, mal puedes mantener un elefante.

—Yo vine —dijo Nasrudín— en busca de dinero, no de consejo.

El camello número veinte

Había una vez un árabe que viajaba en la noche, y sus esclavos, a la hora del descanso, se encontraron con que no tenían más que diecinueve estacas para atar a sus veinte camellos.


Cuando consultaron al amo, éste les dijo:

—Simulad que claváis una estaca cuando lleguéis al camello número veinte. Pues como el camello es un animal tan estúpido, se creerá que está atado.

Efectivamente, así lo hicieron, y a la mañana siguiente todos los camellos estaban en su sitio. Y el número veinte al lado de lo que se imaginaba que era una estaca, sin moverse de allí. Al desatarlos para marcharse, todos se pusieron en movimiento menos el número veinte, que seguía quieto. Entonces, el amo dijo:
—Haced el gesto de desatar la estaca de la cuerda, pues el tonto aún se cree atado.

Así lo hicieron y el camello entonces se levantó y se puso a caminar con los demás.


Cuentos jasídicos
Rabí Pinjas

Rabí Pinjas dijo: "Cuando un hombre está cantando y no puede elevar la voz y otro llega y canta con él —otro que puede elevar la voz—, entonces el primero podrá también hacerlo. Este es el secreto del vínculo entre espíritu y espíritu."

Demasiada prisa

El Rabí de Berditshev, al ver a un hombre que andaba de prisa por la calle, sin mirar a derecha ni a izquierda, le preguntó:

—¿Adónde corres así?

—A ganarme el sustento— respondió el hombre.

—¿Cómo sabes con certeza —replicó el Rabí— que tu sustento galopa delante de ti y que has de perseguirlo a la carrera? ¿Quién sabe? Tal vez esté detrás de ti y sería más conveniente esperarlo en lugar de huir de él como lo haces.


Cuentos budistas



El ladrón y la luna


Un hombre sabio vivía en una cabaña al pie de una montaña. Cierta noche, un ladrón entró en la choza, sólo para descubrir que allí no había nada que robar. El sabio volvió entonces y lo sorprendió.

—Tal vez hayas hecho un largo camino para visitarme —le dijo al ladrón— y no debes irte con las manos vacías. Por favor, acepta mi ropa como regalo.

El ladrón quedó desconcertado, tomó la ropa y se fue sin decir nada. El sabio, desnudo, se sentó a mirar la luna.

—Pobre hombre —pensó—. Ojalá pudiera darle esta hermosa luna.


La taza de té

Cierta vez, el sabio Nan-in recibió a un vanidoso profesor universitario que lo visitaba para conocer sus enseñanzas.

Nan-in le sirvió té. Llenó la taza de su visitante y cuando la misma rebalsó, siguió vertiendo la infusión.


El profesor se quedó mirando cómo el líquido se derramaba y pensando que el sabio era un tonto. Finalmente no pudo contenerse:

—Está colmada —exclamó—. ¡Ya no cabe más!

—Como esta taza —dijo Nan-in—, usted está lleno de sus propias opiniones y prejuicios. ¿Cómo puedo mostrarle la verdadera sabiduría a menos que vacíe su taza antes?


Artículo extraído, con autorización de la autora y los editores, de la revista La Mancha N° 3, Buenos Aires, marzo de 1997.

03/02/09

Desciende el índice de lectura en España.

FUENTE: www.papelenblanco.com 30/01/09


Según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros que presentó hoy la Federación de Gremios de Editores de España el índice de lectura se sitúa en el 54,6 por ciento, es decir, 2,2 puntos por debajo de los resultados obtenidos en 2007.

Según los datos aportados, el perfil del lector español sería una mujer joven, universitaria, con preferencia hacia la novela y que lee en casa, en castellano y por entretenimiento.

Mientras un 40,4 por ciento de los lectores declara leer casi a diario, un 45,4 por ciento de la población asegura no hacerlo prácticamente nunca. Sin embargo, parece que aumenta la media de libros leídos al año, en especial entre los lectores frecuentes. Estos últimos le dedicarían al libro seis horas a la semana, es decir, unos 50 minutos al día.

Con respecto a la lectura infantil, crece el número de hogares en donde se fomenta la lectura entre menores de seis años, y se consolida la importancia de la familia y de la escuela en la animación a la lectura. Por otro lado, un 85 por ciento de los niños entre 10 y 13 años se definen como lectores, erigiéndose como el principal grupo lector del país.

El 10,5 por ciento de la población admite leer o descargarse literatura a través de internet, y un 9 por ciento participa en blogs, foros y espacios literarios.

Si nos referimos a las materias más apreciadas, la literatura se sitúa a la cabeza, seguida a bastante distancia por las humanidades y las ciencias sociales. La temática preferida es la narrativa histórica, el misterio y el relato de aventuras, mientras que decaen la novela romántica, la de terror y la de ciencia-ficción.

En cuanto a la compra de libros, los establecimientos preferidos continúan siendo las librerías, tras las que sitúan las cadenas comerciales, los grandes almacenes, el club del libro y los hipermercados.

Madrid es la comunidad autónoma con un mayor índice de lectura, seguida por Navarra, Cataluña, Aragón, La Rioja, Cantabria, País Vasco y Asturias. A la cola quedan Andalucía, Castilla la Mancha y Extremadura.

Los tres libros más leídos de narrativa adulta en el último trimestre del 2008 han sido ‘Los pilares de la tierra’, de Ken Follet, ‘La catedral del mar’ de Ildefonso Falcones, y ‘El niño con el pijama de rayas’, de John Boyne; mientras que el público infantil se ha decantado por ‘Kika superbruja’ y ‘Harry Potter’.